21 ago. 2011

Capítulo 6 (parte 2)

Emma y Daniel estaban sentados en silencio en la sala de espera. Nada más entrar en Urgencias las enfermeras se habían llevado a un resistente Alberto acompañadas por Inés.
Ella respiraba con dificultad nerviosa por la situación, miraba a todos lados como si alguien les pudiese descubrir en cualquier momento.
Los chicos se levantaron en cuanto Inés entró en la sala. La chica tenía una expresión de cansancio enorme, las ojeras que se formaban bajo sus ojos lo indicaban, llevaba todo el pelo alborotado y tenía la cara roja de tanto llorar.
-¿Es grave?
-Gracias a Dios, no, tan sólo le tuvieron que poner unos puntos y vendarle algunas heridas. Está bien, físicamente, al menos...
-¿Físicamente, al menos? ¿Qué quieres decir?
Inés suspiró y se sentó en un banco sabiendo que todo el mundo les estaba mirando. En un tono bajo, dijo:
- Resulta que no ha parado de gritar desde que le estaban vendando "¡Vendrán a por mí!" Yo creo que alguien le agredió.
Daniel desvió la mirada automáticamente y se dedicó a observar una grieta en la pared.
- No lo sé, pero es tan raro viniendo de Alberto meterse en líos...- dijo Emma ignorando el comportamiento de su amigo.
-Ya- Inés enterró la cara entre las manos- Nunca en la vida le había visto tan alterado, estoy muy preocu...
Justo en ese momento apareció Alberto por la puerta. Estaba terriblemente pálido y tenía las mismas ojeras que Inés, solo que más grandes. Tenía un vendaje en un lado del cuello y algodón en ñla nariz para evitar que siguiese sangrando, los moratones habían reducido un poco su color. Pero lo peor era su cara, una expresión de total y absoluta indiferencia la cruzaba.
Los chicos se acercaron corriendo junto a él.
-¿Estás bien?
Alberto tan sólo miraba a Daniel, asintiendo lentamente. El chico se dio cuenta de lo que significaba esa afirmación, no contestaba que estaba bien si no que confirmaba las sospechas de Daniel.Éste desvió otra vez la mirada. 
Mientras el chico se apoyaba en él, salieron por la puerta de Urgencias camino del coche de Miguel que miraba la escena con preocupación.
-¿Ya está?¿Tenía algo grave?- preguntó.
Emma negó  con la cabeza.
-Lo grave es cuando se enteren mis padres...- murmuró el aludido. Todos se giraron para mirarle sorprendidos de que hubiese hablado.
-Ese es el menos de tus problemas- dijo Inés mirándolo directamente a los ojos para intentar averiguar lo que le había pasado- Lo importante es que estés bien , ¿no?
El chico volvió a asentir y apartó al mirada. No soportaba que ella le viese en ese estado de absoluta impotencia. No lo soportaba en absoluto.



Ambos caminaban por la calle en silencio. Después de varios intentos en ofrecerse a llevarle en coche o en taxi, tuvo que rechazar  a regañadientes que Inés le acompañase a casa.
Nunca hubiese pensado que alguien algún día le hubiese visto en un estado como aquel. Herido y echo un asco, caminando por la calle a la una de la madrugada, con la chica que le gustaba caminando a su lado, viéndole en aquella situación tan espantosa y preguntando todo el rato si estaba bien. Le daba vergüenza y no lo podía evitar.
Por su parte Inés estaba nerviosa e incómoda a la vez. Para ella aquel era el momento perfecto. Estaban solos, era de noche y tenía la excusa de acompañarle a casa.  Pero por otra parte... por otra parte Alberto acababa de salir del hospital y parecería que se quería aprovechar de la situación.
-¿Quién te hizo eso?- dijo de repente interrumpiendo los pensamientos de ambos.
-¿Por qué piensas que me lo hicieron y que no fue un accidente?- contestó él intentando evadir la situación.
-Pues porque te encontré tirado en medio de la calle y mientras estábamos en el banco estuviste diciendo que iban a venir a por ti, ¿tal vez?
-Bueno... vale, no fue un accidente¿ contenta? No quiero recordarlo ahora.- dijo, secamente.
-Lo siento, no quería...
-No, no pasa nada, soy yo que estoy un poco alterado, eso es todo.Lo importante ahora es que estoy bien, ¿no?
-Tienes razón ,eso es lo importante- dijo como intentando convencerse a sí misma que lo único que ahora era importante era la salud de Alberto y no sus sentimientos.
Anduvieron en silencio otro rato hasta llegar al portal de la casa de Alberto.
-¿Están tus padres en casa?- preguntó ella.
-No, están fuera, como siempre- le chico abrió la puerta del portal con aspecto resignado. ¿Y si se lo decía ahora? Podrían subir a su casa y charlar tranquilamente, también era cierto que parecería que él mísmo se estaba aprovechando al situación y no quería que Inés se compadeciese de él en ese estado.
-Bueno, ¿me necesitas? ¿quieres que suba?- preguntó ella.
-No, no hace falta, estoy bien, en serio.
-A mí no me causa ninguna molestia, de verdad- la chica se avergonzó inmediatamente de sus palabras. Había ido demasiado lejos.
Alberto pestañeó un par de veces. Ahora podían subir, pensó emocionado. ¿Qué decía?
-No, en serio, estoy bien.
-¿Seguro?¿No me necesitas?- Inés quería abrazarle, bersarle y decirle de una vez por todas lo que sentía por él.
-No- Inés estaba confusa, ¿no la necesitaba? ¿o era que no estaba seguro? La respuesta a esas pregunta la tuvo segundos después- No te necesito.
Ninguno se movió durante unos segundos, se miraban fijamente. La chica tragó saliva y con su gran fuerza de voluntad dijo adiós.
Caminó hasta el cruce que quedaba enfrente del portal preguntándose cómo podía ser tan estúpida como para cabrearse por esa gilipollez, si además es que no sabía ni siquiera si a él le gustaba ella. Pero ahora mismo eso le daba igual, solo tenía ganas de llegar a su casa, tumbarse en la cama y quedarse dormida para olvidar sus problemas y alejar los recuerdos de aquella noche. Tenía ganas de volverse para ver si aún seguía él allí, pero no debía, ya había hecho sufi... Sus pensamientos se vieron interrumpidos a causa de la presión que ejercía una mano contra su muñeca. Se giró bruscamente, asustada y alerta, pero al final su expresión fue de sorpresa al ver la cara de Alberto frente a ella.
-Sí- el chico dejó que una sonrisa aflorase a su rostro- te necesito.- acompañó con ese gesto a un beso rápido y corto en los labios, después, el rubor ascendió a toda velocidad por sus mejillas.
Inés sonrió, no se podía creer lo que estaba sucediendo. Emocionada, contenta y sabiendo que no iba a olvidar nunca aquello, acercó su cara a la del chico, la agarró con firmeza y le dio un profundo y largo beso en el que afloraron, por fin, todos sus sentimientos. 

4 comentarios:

  1. La luz de mi oscuridad24 de agosto de 2011, 13:57

    Ya me leí vuestro cuento chicas, me ha gustado mucho. Lo único malo es que me da la sensacion de que los capítulos se hacen demasiado cortos :) Bueno, ya sabeis que yo estoy escribiendo tambien en un blog:
    http://www.laluzdemioscuridad.blogspot.com/
    decidme si os gusta ;)

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  2. tranquila ya nos hemos hecho miembro y gracias por hacerte tu tmbn bsss :D

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  3. DIOS ME ENCANTA COMO ESCRIBIS Y LA HISTORIA AUN MAS ;) SEGUIR ESCRIBIENDO Y NO DUDEIS EN AVISARNOS CUANDO SUBAIS EL SIGUIENTE ;)!

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  4. el mejor capítulo que he leído. Tensión y romance. Espléndido

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