25 ago. 2011

Capítulo 7


            Daniel  estaba sentado en la parte trasera del coche.  Emma iba a su lado. Dormía tranquilamente apoyada en su hombro.  El chico la contemplaba cariñosamente. Estaba tan guapa.
            Miguel conducía esta vez, casi, como si tuviese carnet. Iba cansado. Si sus padres se enteraban de esto, sí que le iba a caer una buena. Una muy buena... intentaba no pensar en eso. Relajó la cabeza en el reposacabezas y suspiró.  Ya casi habían llegado a casa. De vez en cuando miraba por el retrovisor para ver si su hermana se había despertado.
            Apagó el motor y miró a Daniel.
            -Oye, mientras yo voy aparcando en coche, ¿podrías coger las llaves de casa? Es que solo las trajo Emma.
            -¿Dónde las tiene?-preguntó Daniel. Emma no llevaba ningún tipo de bolso ni nada donde pudiese meter las llaves.
            -Las tiene creo que en el bolsillo izquierdo.
            ¿El bolsillo izquierdo? El único bolsillo que tenía la cazadora de Emma se encontraba en... el corazón, por decirlo de alguna forma. Mientras Miguel volvía a encender el coche para poder aparcarlo, Daniel se incorporó un poco para coger las llaves del bolsillo izquierdo de Emma.  Aún encima, estaba cerrado.  Daniel intentó abrirlo lo más despacio posible, sin despertarla. Lo que él no sabía es que a lo mejor no estaba del todo dormida.
            Daniel, vio que Emma abría los ojos.
            -¡¿Pero qué haces?!- gritó mientras le daba un pequeño empujón.
            -Yo... no, es que estaba... las llaves de casa..-Daniel no sabía que decir. Qué situación tan comprometida. Notó que la sangre le llegaba a la cara, produciéndole un calor  un poco molesto.
            Emma no aguantó más y se echó a reír a carcajadas. El chico estaba desconcertado. ¿Qué tenía tanta gracia?
            -¡Tranquilo!-se reía- Ya sé que estabas cogiendo las llaves, estaba despierta-se secó las lágrimas de los ojos.
            -Muy graciosa- interrumpió la conversación Miguel- Venga, coge las llaves, que ya hemos llegado.
            -Vale, vale. Aquí nadie puede hacer bromas ¿no?- y resignada hizo caso a su hermano.
            Daniel bajó del coche, junto con Emma. Entraron en casa, y en un momento en el que Miguel había ido a su cuarto y se habían quedado ella y él solos, se lo preguntó.
            -Oye, Emma, una cosa. ¿Podría quedarme en tu casa a dormir?-ya está. Todo dicho- Es que como sabrás, no quiero ir a casa. Con lo que pasó ayer con Antonio... no me apetece verle...-suspiró.
            -¡Claro! No hay problema. Puedes dormir con Miguel, o si lo prefieres, conmigo.
            -¡Conmigo ni lo sueñes! ¡Estoy cansado, y además mi cama no es tan grande como para dos personas!-se oyó desde el piso superior.
          -Bueno,-concluyó Emma- entonces duermes conmigo. Pero si no te importa, podemos coger un colchón y duermes en el suelo.
            -¡No, no! Si a mí no me importa. 
         Los chicos subieron hacia la habitación de la chica. Cuando entraron, lo primero que hizo ella, fue tumbarse en la cama, cerrando los ojos.
-¡Dios! ¡Menudo día!- hizo un gesto para que Daniel se sentase junto a ella. El chico hizo lo mísmo, dejando caer su cuerpo sobre el mullido colchón y cerrando fuertemente los párpados para evitar cualquier pensamiento.
-Ah, ¡por cierto!- Emma se incorporó levemente- ¿Qué era eso tan importante que me tenías que decir antes de que Inés me llamase.
Daniel tragó saliva y notó cómo se le humedecían las manos. A la mierda su plan de relajación.
-Oh, no, nada... no... no tiene importancia, en serio.- añadió al ver la mirada de tozudez de la chica.
-Bueno...- ella se levantó y se dirigió hacia el armario para ponerse el pijama.
-Yo... si quieres voy yendo a por el colchón.
-Vale, gracias, está en el sótano, en un lateral.
Daniel asintió y salió de la habitación. Sus pensamientos lo atolondraban. Era estúpido, de eso estaba seguro. ¿Cómo podía haber dejado pasar una oportunidad así?¿ Cómo era posible que hubiese nacido tan rematadamente tonto? Iba a dormir con la chica de la que estaba enamorado y lo único que hacía en vez de confesarle su amor era ir a por un colchón. Era el más idiotas de los idiotas del mundo entero.
Cuando se quiso dar cuenta ya estaba bajando las escaleras que llevaban al sótano donde tanto solían jugar ellos de pequeños.
Abrió la puerta y entró en la estancia. Dos grandes estanterías estaban pegadas a la pared y otra se encontraba dividiendo por la mitad la habitación. Sonrió al ver las marcas de pinturas que adornaban la pared con palabras en un lenguaje incomprensible y marcas de manos por todas partes. Aún había alguna que otra silla medio rota de niños pequeños sobre una mesa redonda pintada con algunos nombres. El chico dejó de prestar atención y se dedicó a coger el colchón y salir del sótano. 
Subió hacia la habitación de la chica que estaba sentada en su cama cubierta con un corto camisón con un dibujo algo cómico en el dobladillo. No pudo evitar pensar en lo guapa que era incluso con el pijama y un moño medio desecho adornando su cabello.
Emma se acercó a su amigo para ayudarle a dejar el colchón en el suelo, al lado de la ventana y también a colocar las sábanas.
-Oye- preguntó él-¿ no tienes frío al dormir así en febrero?
-Hombre- aquí hace calor... pero si t preocupo me pongo una chaqueta.
-No, yo no quería decir...
-Tranquilo, lo iba a hacer de todas formas- sonrió y luego le miró de arriba a bajo- pero la verdad deberías primero mirar como vas tú.

-Ya, pero no tengo otra cosa...
-No pasa nada, voy a pedirle algo de ropa a Miguel- paseó sus pies descalzos con un movimiento ágil por la habitación para coger una pequeña chaqueta de pinto del armario y salió de la habitación.
Daniel se quedó allí de pie. Vale, era estúpido, idiota... pero por lo menos iba a dormir con la chica más guapa que conocía y de la que estaba enamorado.
Paseó la mirada por la habitación. La verdad es que era preciosa. La pared en tonos azules estaba repleta de fotografías de la infancia de la chica, con sus amigas, con su familia y con... se detuvo en una pequeña foto en blanco y negro en donde aparecían dos niños riéndose y no pudo evitar sonreír. Ella y él, de pequeños. 
Se conocían de toda la vida y eso era algo que no estaba dispuesto a estropear, por eso tenía miedo de confesarle todo, ¿qué pasaría después?.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos en cuanto oyó la puerta cerrarse.
-Es lo único que encontré- dijo, como disculpándose. Traía en la mano unas viejas bermudas y una camiseta de manga corta de un color grisáceo.
-Gracias y ya es bastante.
Se cambió en el baño y desde dentro pudo oír el sonido del teclado de un móvil. Cuando salió comprobó que sus sospechas eran verdaderas.
-Tranquila, estará bien.
-Tú sabes lo que le pasó, ¿verdad?
Daniel desvió automáticamente la mirada. Sabía lo que le había pasado a Alberto, o, al menos lo intuía.
-Más o menos.
-Y no me lo puedes decir- la chica no lo había preguntado, lo estaba afirmando.
Él negó con la cabeza, se echó junto con Emma en el colchón y cerró los ojos.
- ¡Sí!-gritó Emma segundos después- ¡ Lo hemos conseguido!¡Daniel, están saliendo!
El chico se inocorporó sobresaltado, logrando ver por el lateral de la cama la cabeza de Emma.
-¿Sí?
-Sí, me lo ha dicho Inés, pone:" Tía, ha sdo prcioso! Ya t contré mñna, pero stms salndo! :)"
-¡Qué rápido se recupera el tío!- dijo, pero contento de que su mejor amigo e Inés estuviesen felices y juntos.
Emma se volvió a tumbar y miró hacia el techo.
-¡Por fin! Estoy muy contenta por ellos- pero no pudo evitar soltar un suspiro.
-¿Qué?
-Nada es que.. me alegro por ellos... pero...
-Pero piensas  que por qué no te puede pasar a ti también, ¿no?
-Eh...sí...¿cómo lo has sabido?- preguntó, sobresaltada volviendo a mirar por el borde de la cama a Daniel.
-Nos conocemos desde hace tiempo, Emma, y yo a veces también pienso lo mísmo- reconoció, muy a su pesar.
-Pero, bueno, digo yo que algún día a alguien encontraremos.
-Sí, eso espero.






Emma bostezó.
-Ay, me estoy... quedando... dormida.
-Normal, con todo el rato que hemos estado hablando...
-Bueno, tú sigue contando lo que estabas contando, que yo te escucho.
-Da igual, no tiene importancia.
Transcurrieron unos minutos en silencio y entonces, Daniel, súbitamente, dijo:
-Oye, olo que te quise decir antes...bueno, era que... -El chico se interrumpió al oír la lenta respiración de la joven cada poco tiempo, sabiendo que se había quedado dormida.
Se dio la vuelta y vio la cara de Emma con los ojos cerrados, apoyada sobre el lateral de la cama.
Observó cómo los trigueños cabellos de la joven se esparcían por la cama con pequeñas ondas producto del rizador.
Lleno de rabia, se volvió a dar la vuelta, cubriéndose un poco con las sábanas.
-¿Por qué todo me tiene que pasar a mí?- murmuró- Ahora que por fin iba a decirle que la quiero...
Entonces, súbiamente y sin que Daniel lo llegase a ver, Emma, sorprendida, abrió los ojos.

21 ago. 2011

Capítulo 6 (parte 2)

Emma y Daniel estaban sentados en silencio en la sala de espera. Nada más entrar en Urgencias las enfermeras se habían llevado a un resistente Alberto acompañadas por Inés.
Ella respiraba con dificultad nerviosa por la situación, miraba a todos lados como si alguien les pudiese descubrir en cualquier momento.
Los chicos se levantaron en cuanto Inés entró en la sala. La chica tenía una expresión de cansancio enorme, las ojeras que se formaban bajo sus ojos lo indicaban, llevaba todo el pelo alborotado y tenía la cara roja de tanto llorar.
-¿Es grave?
-Gracias a Dios, no, tan sólo le tuvieron que poner unos puntos y vendarle algunas heridas. Está bien, físicamente, al menos...
-¿Físicamente, al menos? ¿Qué quieres decir?
Inés suspiró y se sentó en un banco sabiendo que todo el mundo les estaba mirando. En un tono bajo, dijo:
- Resulta que no ha parado de gritar desde que le estaban vendando "¡Vendrán a por mí!" Yo creo que alguien le agredió.
Daniel desvió la mirada automáticamente y se dedicó a observar una grieta en la pared.
- No lo sé, pero es tan raro viniendo de Alberto meterse en líos...- dijo Emma ignorando el comportamiento de su amigo.
-Ya- Inés enterró la cara entre las manos- Nunca en la vida le había visto tan alterado, estoy muy preocu...
Justo en ese momento apareció Alberto por la puerta. Estaba terriblemente pálido y tenía las mismas ojeras que Inés, solo que más grandes. Tenía un vendaje en un lado del cuello y algodón en ñla nariz para evitar que siguiese sangrando, los moratones habían reducido un poco su color. Pero lo peor era su cara, una expresión de total y absoluta indiferencia la cruzaba.
Los chicos se acercaron corriendo junto a él.
-¿Estás bien?
Alberto tan sólo miraba a Daniel, asintiendo lentamente. El chico se dio cuenta de lo que significaba esa afirmación, no contestaba que estaba bien si no que confirmaba las sospechas de Daniel.Éste desvió otra vez la mirada. 
Mientras el chico se apoyaba en él, salieron por la puerta de Urgencias camino del coche de Miguel que miraba la escena con preocupación.
-¿Ya está?¿Tenía algo grave?- preguntó.
Emma negó  con la cabeza.
-Lo grave es cuando se enteren mis padres...- murmuró el aludido. Todos se giraron para mirarle sorprendidos de que hubiese hablado.
-Ese es el menos de tus problemas- dijo Inés mirándolo directamente a los ojos para intentar averiguar lo que le había pasado- Lo importante es que estés bien , ¿no?
El chico volvió a asentir y apartó al mirada. No soportaba que ella le viese en ese estado de absoluta impotencia. No lo soportaba en absoluto.



Ambos caminaban por la calle en silencio. Después de varios intentos en ofrecerse a llevarle en coche o en taxi, tuvo que rechazar  a regañadientes que Inés le acompañase a casa.
Nunca hubiese pensado que alguien algún día le hubiese visto en un estado como aquel. Herido y echo un asco, caminando por la calle a la una de la madrugada, con la chica que le gustaba caminando a su lado, viéndole en aquella situación tan espantosa y preguntando todo el rato si estaba bien. Le daba vergüenza y no lo podía evitar.
Por su parte Inés estaba nerviosa e incómoda a la vez. Para ella aquel era el momento perfecto. Estaban solos, era de noche y tenía la excusa de acompañarle a casa.  Pero por otra parte... por otra parte Alberto acababa de salir del hospital y parecería que se quería aprovechar de la situación.
-¿Quién te hizo eso?- dijo de repente interrumpiendo los pensamientos de ambos.
-¿Por qué piensas que me lo hicieron y que no fue un accidente?- contestó él intentando evadir la situación.
-Pues porque te encontré tirado en medio de la calle y mientras estábamos en el banco estuviste diciendo que iban a venir a por ti, ¿tal vez?
-Bueno... vale, no fue un accidente¿ contenta? No quiero recordarlo ahora.- dijo, secamente.
-Lo siento, no quería...
-No, no pasa nada, soy yo que estoy un poco alterado, eso es todo.Lo importante ahora es que estoy bien, ¿no?
-Tienes razón ,eso es lo importante- dijo como intentando convencerse a sí misma que lo único que ahora era importante era la salud de Alberto y no sus sentimientos.
Anduvieron en silencio otro rato hasta llegar al portal de la casa de Alberto.
-¿Están tus padres en casa?- preguntó ella.
-No, están fuera, como siempre- le chico abrió la puerta del portal con aspecto resignado. ¿Y si se lo decía ahora? Podrían subir a su casa y charlar tranquilamente, también era cierto que parecería que él mísmo se estaba aprovechando al situación y no quería que Inés se compadeciese de él en ese estado.
-Bueno, ¿me necesitas? ¿quieres que suba?- preguntó ella.
-No, no hace falta, estoy bien, en serio.
-A mí no me causa ninguna molestia, de verdad- la chica se avergonzó inmediatamente de sus palabras. Había ido demasiado lejos.
Alberto pestañeó un par de veces. Ahora podían subir, pensó emocionado. ¿Qué decía?
-No, en serio, estoy bien.
-¿Seguro?¿No me necesitas?- Inés quería abrazarle, bersarle y decirle de una vez por todas lo que sentía por él.
-No- Inés estaba confusa, ¿no la necesitaba? ¿o era que no estaba seguro? La respuesta a esas pregunta la tuvo segundos después- No te necesito.
Ninguno se movió durante unos segundos, se miraban fijamente. La chica tragó saliva y con su gran fuerza de voluntad dijo adiós.
Caminó hasta el cruce que quedaba enfrente del portal preguntándose cómo podía ser tan estúpida como para cabrearse por esa gilipollez, si además es que no sabía ni siquiera si a él le gustaba ella. Pero ahora mismo eso le daba igual, solo tenía ganas de llegar a su casa, tumbarse en la cama y quedarse dormida para olvidar sus problemas y alejar los recuerdos de aquella noche. Tenía ganas de volverse para ver si aún seguía él allí, pero no debía, ya había hecho sufi... Sus pensamientos se vieron interrumpidos a causa de la presión que ejercía una mano contra su muñeca. Se giró bruscamente, asustada y alerta, pero al final su expresión fue de sorpresa al ver la cara de Alberto frente a ella.
-Sí- el chico dejó que una sonrisa aflorase a su rostro- te necesito.- acompañó con ese gesto a un beso rápido y corto en los labios, después, el rubor ascendió a toda velocidad por sus mejillas.
Inés sonrió, no se podía creer lo que estaba sucediendo. Emocionada, contenta y sabiendo que no iba a olvidar nunca aquello, acercó su cara a la del chico, la agarró con firmeza y le dio un profundo y largo beso en el que afloraron, por fin, todos sus sentimientos. 

13 ago. 2011

Capítulo 6 (parte 1)

Emma vislumbró a Inés en un banco. Miguel y Daniel iban detrás de ella, corriendo e intentando alcanzar su paso.
Alberto estaba recostado sobre las piernas de Inés, y ésta, le acariciaba el cabello, intentando controlar las las lágrimas.
Los recién llegados corrieron junto a ellos.
-¿Qué ha pasado?- preguntó nada más llegar, Miguel.
-Alberto y yo habíamos quedado hoy... y llegaba tarde... no cogía el télefono así que me preocupe y deambulando por ahí ... lo...- Inés se interrumpió con un leve sollozo, invadida por los recuerdos.
Miguel se agachó y, con cuidado de no despertar al muchacho, examinó sus heridas. Tenía moratones por toda la cara y le sangraba de un modo incontrolado la nariz.
- No creo que tenga nada grave- declaró- pero podría estar así por todo el cuerpo.Deberíamos llevarlo al hospital.
-¿Llamamos a una ambulancia?
-Yo creo que mejor que no, si la llamamos llamarán inmediatamente a sus padres y no creo que eso le haga mucha gracia, la verdad.
-Pues vamos en nuestro coche.- dijo Miguel.
-¿QUÉ?¿Estás loco? ¿En nuestro coche?¡Pero si no tienes carnet!- estalló su hermana.
-Estoy en prácticas, malo será.
-¿Y si pedimos un taxi?- preguntó Daniel que se había mantenido callado todo el tiempo- ¿O un bus?
-No hay tiempo.
-¿Cómo que no hay tiempo?¡Miguel por Dios! Hay alguien herido, ¡no es momento de hacerse el héroe!
Pero su hermano ya no el escuchaba iba camino a casa, camino al garaje.
-¡Dios!¡ Que que estemos en crisis no significa que no tengamos dinero para un taxi o un bus!
Daniel la miró y se encogió de hombros.



-Tranquilo, todo va a salir bien- le dijo Inés suavemente- vamos a llevarte al hospital.
-Si llegamos vivos, claro- murmuró Emma desde el asiento del copiloto, mirando por la ventanilla.
Miguel al ignoró y siguió conduciendo. La verdad es que se le daba bastante bien, ya iban por la mitad del trayecto y no habían tenido ningún contratiempo.
Pero Emma se comenzó a poner de nuevo nerviosa.
-¡Que es por aquí!
-Sé por dónde voy...
-¡No vayas tan rápido!
-¡Cállate Emma que no me concentro!- gritó Miguel mirando a su hermana.
El pitido de un camión hizo que todos pegasen un grito. El chico dio un volantazo y, saliéndose de la carretera, chocó contra una farola.
-¡Mierda!
-Bueno- dijo Inés saliendo a toda prisa del coche, con Alberto en brazos- , por lo menos nos has dejado  cerca del hospital.
Daniel salió con ellos y, ayudando a Inés, fueron hasta Urgencias.
Emma se giró en redondo, una vez los demás se hubieron marchado, para mirar a su hermano.
-Lo tienes todo controlado...
Dicho esto, se fue camino de Ugencias.
Miguel se quedó un rato mirando al coche. Sus padres lo iban a matar, de eso estaba seguro, aunque el golpe había sido leve y casi no se notaba.
Bueno, por lo menos no se habían topado con al policía, por el momento.
Se apoyó sobre el capó y suspiró.
"Si lo que no me pase a mí..."

5 ago. 2011

Capítulo 5 (parte 2)


-¡DANIEL! - Emma hizo un gesto al chico para que se acercara junto a ellas. El joven sonrió y se sentó junto a las chicas en el sofá.
-Te habría oído desde China si hubieses gritado un poco menos.
-¿Quieres que grite más?
-¡No, por favor!¡Clemencia!¡Clemencia!
Los dos se rieron cuando Adriana y Lola se excusaron y se fueron a hablar con el cumpleañero.
-¿Qué tal te lo estás pasando? 
-Genial. 
-¡ Y una mierda! Yo a ti te conozco Daniel y hay algo que te preocupa, ¿verdad?¿qué es?
-¿Cómo era posible qué la tía fuese tan rápida para adivinar las emociones de los demás?
-Si es algo malo... ¡con mi mejor amigo nadie se mete! ¿Eh?¡Nadie! - gritó Emma a toda la muchedumbre que la miró como si fuese subnormal.
-¡No grites, mujer! - Dani le tapó la boca mientras se reía. 
-¡EMMA! - gritó Miguel desde cerca de la cocina -¡Ven!
La chica hizo un gesto de resignación, abrazó a Dani, como si quisiera consolarle de que no se preocupara, que volvería pronto, se levantó y le dijo:
-Lo siento, el deber me llama – y, con una sonrisa, se giró y fue junto su hermano.
-Dime,- le soltó, poniendo los ojos en blanco,cuando llegó junto a él- ¿qué quieres?
-Mujer, no te pongas así, que sólo te quiero presentar a alguien.
-Ahhh- la chica se fijó entonces en el chico que estaba al lado de su hermano y le dio un vuelco al corazón. Era el chico del ponche, el de la sonrisa que derretía...
-Emma, éste es David. David ésta es mi hermana Emma.- los dos se miraron durante unos instantes.
-¿David? -preguntó ella.
-¿Ya os conocíais? 
-Más o menos-sonrió él.
-Bueno, os dejo hablando para que os conozcáis mientras yo voy hablando con los invitados. -segundos después Miguel se puso a hablar con unas chicas que le echaron piropos acerca de lo buen anfitrión que era. 
-Oye, ¿tú eres el amigo de Lola y Adriana? 
-Yeah. ¿Y tú la chica de la que tanto me habló Miguel? 
-Supongo. La verdad es que no se equivocaban- dijo la última frase casi en un susurro. Acto seguido soltó una sonora carcajada.
-¿Equivocarse en qué? 
-En nada- Emma hizo un gesto con la mano quitándole importancia. 
-Estás muy guapa hoy.
-Pero, ¿cómo puedes saber que estoy muy guapa si nunca antes nos hemos visto? 
-Corrijo. Eres muy guapa – David volvió a sonreír y se quedó mirándola unos instantes. Era la chica más guapa y que más encanto tenía de todas a las que había conocido hasta ahora, y eso ya era decir.
- Tonterías- dijo Emma volviendo a hacer otro gesto- pero gracias de todas formas.
- Yo sólo digo verdades- David volvió a sonreír. 
-Bueno- dijo ella poniéndose colorada- yo voy a... hablar con Adriana. Encantada.
-Adiós, señorita- dijo él, volviendo a hacer una reverencia. Se dio la vuelta y pensó que la tenía en el bote.
No sabía lo equivocado que estaba, no sabía que no era sólo una chica en un simple bote y tampoco se dio cuenta del chico que los observaba con una expresión de dolor en sus ojos de un intenso color verde.




Miguel se rió, ¿cómo podía hipnotizarle tanto? Lola era una chica peculiar, que destacaba entre las demás, pensó y por eso se había enamorado de ella.
-Es un gilipollas- concluyó la chica, acabando de contar su anécdota- Bueno, que se joda, creo que la bola de chicle no se le fue tan fácilmente como cortó conmigo. Ahora se rapó el pelo y casi parece calvo, y todo- soltó una carcajada.
-No lo conozco, pero sí que debe de ser un gilipollas,¿cómo es capaz de cortar un tío, con una chica como tú?
-Aunque, si te paras a pensar... es normal que la gente se asuste de mí, es que la verdad, estoy bastante loca.
-¿Y quién no?
-Lola se volvió a reír y pensó en el característico humor de Miguel. Le gustaba. “El humor, claro”pensó. Se fijó durante unos instantes en sus sinceros ojos azules y vio mucho más de lo que esperaba ver en unos ojos. Tal vez comprensión, tal vez cariño, o tal vez... algo más. Apartó esos pensamientos de la cabeza y dijo con voz clara y firme, sin apartar la mirada:
-¿Bailmos?  
Miguel sonrió y la tomó para comenzar a bailar aquella canción lenta, ideal para que los dos... Estaba tan guapa. “Miguel, deja de pensar en ella, que te vas a volver loco” se dijo para sí. ¿O ya lo estaba? Posiblemente la respuesta a esa pregunta fuese afirmativa, y no pudo evitar pensar que si estaba loco, no le importaba, porque estar loco por una chica como Lola, merecía la pena.
-No bailas mal, menudo alivio- se rió Lola.
-¿Por?
-¿Sabes la cantidad de pies que he pisado sin querer bailando? Soy un pato mareado en cuanto pongo los pies en una pista de baile, pero al final siempre me acabo riendo, no puedo evitarlo.
-No bailas mal, ¿de dónde has sacado eso?
-No sé... la verdad es que...
Miguel la hizo callar con un gesto y la guió como si fuese una preciosa pluma por el suelo del salón que hacía de pista de baile. La chica lo miró perpleja , pero él no se dio cuenta. Lola se ilusionó “ Bailo bien” “Bueno, gracias a Miguel pero...” sus pensamientos se vieron interrumpidos porque su pareja la agarró con más fuerza y la estrechó contra sí. No pudo evitar apoyar su cabeza en el hombro de él y dejarse llevar.

Adriana, al lado, se intentaba reír del chiste que le acababa de contar David, y probablemente se hubiese reído de no ser por estar viendo a una pareja que estaba cerca de ellos y que se reía a todo volumen. Su hermana y él.
Parecían  novios, y una terrible sensación de celos invadió su pecho. ¿Cómo había podido hacerle eso su hermana? Bueno, no debía culparla, tampoco. Tan sólo era un baile ¿no? “¿y si es algo más que eso ?” Apartó esos pensamientos de la cabeza.
-Adriana...¡Adriana!
-¿Qué?
-¿Me estás escuchando?
-Eh....esto.... - la joven giró al cabeza bruscamente.- Lo siento... yo sólo...
-No pasa nada... ¿estabas pensando en alguien, verdad?
-¿Yo?
-No mi madre, no te jode.
-No, no estaba pensando en nadie...
-En un chico, tal vez.... ¡EN MÍ!
-¿QUÉ? ¿Qué dices? - Adriana le soltó y exageró con las manos un gesto de indignación.
-Era coña, mujer- se rió el chico, que volvió a cogerla por los brazos e hizo que continuase bailando.
-Ahh, ¡qué susto!
-A ver, podrías a ver estado pensando en mí...- soltó una risotada- pero no escuchabas y tenías la mirada perdida, si hubieses pensado en mí hubieses atendido a la conversación para obtener más posibilidades.
Adriana se rió, ese chico era... ¿especial? Tal vez.

-Emma, ¿puedo hablar contigo?
-Estoy un poco ocupada, la verdad....- dijo la chica al darse la vuelta y dirigiéndose a la cocina llena de vasos y platos vacíos.  
Ya casi nadie quedaba en la fiesta, tan sólo unas pocas personas se habían quedado a ayudar para evitar que los padres de los anfitriones viesen el desastre cometido en cuanto volviesen del viaje al día siguiente.
-Anda, sólo será un momento- dijo Daniel.
-Venga, voy...
-A la habitación.
-Los chicos subieron al piso superior, aunque para eso tuvieron que esquivar bolsas y envoltorios de los regalos. Cuando llegaron a la habitación, Emma se sentó y Daniel cerró al puerta con pestillo.
-¿Qué...?
-Bueno... esto... eh ...quería decirte... - se secó el sudor de las manos y tragó saliva. “Allá voy”pensó.El sonido de un móvil interrumpió sus pensamientos. El de Emma.
-Lo siento- dijo la chica disculpándose- tengo que contestar.  
-Daniel se encogió de hombros, resignado.
-¿Diga?- Emma se fue a una esquina y miró hacia la ventana dándole la espalda a su amigo- ¿QUÉ? Inés, tranquilízate, espera, a ver, ¿qué ha pasado?  
Daniel, alerta, por el tono preocupado de la chica, se levantó de la cama y se acercó a Emma, ésta se dio la vuelta con la cara desencajada.
-Sí.... sí, aviso a Miguel y vamos para allá.
Colgó el teléfono, la expresión de terror no abandonaba su rosto.
-¿Qué ha pasado? - gritó Daniel agarrándola por los hombros- ¿Qué ha pasado?  
Emma tan sólo pudo articular:
-Es...Es Alberto...está herido.

2 ago. 2011

Capítulo 5 (parte 1)



-¿Estás Emma?La gente no tardará en llegar.- dijo Miguel gritando para que su hermana lo oyese desde la ducha.

-Casi, sólo me queda vestirme.- dijo su hermana en el mismo tono.

Apura que son casi las cinco y media.
Emma se miró al espejo y se comenzó a rizar el pelo con mucho cuidado. Luego se puso el vestido corto que llevaría esa tarde de un color lila intenso que se ajustaba perfectamente a su delgada cadera y que le marcaba el escote.
Se puso los tacones negros con una torera a juego con ellos y con el decorado del vestido. Se pintó la raya y los ojos. Para acabar un poco de gloss en los labios. Abrió la puerta del baño y se encontró con Miguel, que acababa de coger unos discos de su habitación.
-¡Ala! ¡Estás preciosa! -silbó su hermano.
-Tú también- dijo contemplando el esmoquin de Miguel- Oye- se fijó en los discos que llevaba- ¿no son míos?
-Sí- sonrió- te los he cogido porque ya sabes que mi música...
-Es una mierda. Lo sé.- se echó a reír- Por cierto, ¡felicidades, hermanito!
Llamaron al timbre por segunda vez en aquel día. Eran justo las seis de la tarde, la hora en la que comenzaba el cumpleaños.
-Ya voy yo- dijo alegremente Emma y fue corriendo como lo haría Heidi.- ¿Sí?
-Hola, somos David, Lola y yo- Emma observó por la mirilla, efectivamente, allí estaba Lola haciendo el tonto por el agujero.
-Pasad- acto seguido Emma abrió la puerta.
-¡Emma!¡ Ven a ayudarme con los platos y vasos que no puedo con todos!
-¡Voy, Daniel! ¿Atiendes tú Miguel?
-Sí, voy- respondió su hermano- ¡Hola Adriana, Lola, David! ¿Qué tal? Pasad.Las dos hermanas fueron corriendo a abrazar al cumpleañero que se puso colorado. Al acabar David le dio un abrazo amistoso y pasaron los cuatro para adentro.
-17 ya, ¡eres todo un hombre! - dijo Lola sonriendo.
-Supongo. Dejad las cosas por aquí, mi hermana y su amigo están en la cocina.
-¡Emma! -Lola y Adriana salieron disparadas a la cocina a abrazar a su amiga. David y Miguel oyeron las risas de las chicas desde la cocina y unos cuantos besos muy sonoros.
-Qué rápido se olvidan de ti ¿eh? -se rió David.
-Ya sabes cómo son las chicas.
-¡Miguel, vamos para arriba, ahora nos vemos! -gritó Emma que subió corriendo por la escalera con las dos chicas delante, de manera que quedaba tapada para los chicos- Daniel se queda con vosotros, que sino el pobre, con tantas chicas...- dijo antes de cerrar la puerta de su cuarto.
Daniel llegó de la cocina tomando una lata de coca-cola y se acercó junto a los chicos que ya estaban sentados, el desconocido se levantó y dijo:
-Hola, Daniel, soy David.
-Hola, David- Daniel no pudo evitar sentir un poco de celos al ver lo guapo que era aquel chico, un pelo rubio revuelto, unos grandes ojos castaños y una sonrisa que podía derretir a cualquier chica.
-Bueno.... -dijo Miguel notando el incomodo de Dani- ¿y si vamos al salón a hacer algo? Como está todo preparado....
Claro... aunque voy un momento al baño- dijo Daniel y acto seguido se dirigió para el rincón de la casa que había dicho cerrando la puerta y dejando a los amigos un tanto desconcertados.
¿Por qué tenía que suceder aquello justo ese día? ¿El día en que se lo diría a
Emma? Sabía que la chica se enamoraba muy fácilmente de las personas y ese tal
David era muy guapo,además parecía simpático; sabía que Emma acabaría en sus redes de un momento a otro. A parte, él no se veía guapo, aunque todo el mundo le decía lo contrario, él no lo pensaba. Se miró al espejo una vez para comprobarlo y se dio la vuelta para no seguir viéndose, no lo soportaba. Si esa noche se veía más veces... acabaría replanteándose lo de pedirle a Emma.
¡Qué complicado era todo al tener casi 16 años!




-¡Qué dices! ¿Sí?
-Sí... me lo contó ella...
-Buahhh ¡qué fuerte! No me lo esperaba... la verdad
-Pobre Laura... ¿y está muy mal?
-Los golpes fueron bastantes, pero esa chica es muy fuerte, se pondrá bien dentro de nada. Qué cabrón el Hugo...no me lo imaginaba pegando y como un vagabundo por las calles... y eso que vino conmigo a la guardería...Cabrón.
-Ya, Emma, pero la gente cambia...
-Chicas, ¿podemos hablar de otra cosa? Este tema me está poniendo la piel de gallina- dijo Adriana, haciendo un gesto con la mano.
-Oye, ¿has conocido a David? -pregunó Lola a su anfitriona.
-¿David?¿Qué David?
-Vale – se rió- veo que no... es el tío que vino con nosotras, es compañero de clase de Adriana -Lola señaló con un dedo a su hermana- está súper-buenísimo.
-Y ese tal.. David...¿de qué lo conoce mi hermano?
-Se lo presenté yo – dijo Adriana levantando la mano, como si estuviera en clase- Me dijo David que Miguel le había hablado de ti.
-¿Sí?- Emma se sonrojó- Sabe Dios lo que le dijo de mí...
-Las chicas siguieron contándose cotilleos y comenzaron a sacarse fotos, unas graciosas, otras para recordar...


-¡Hola! ¡Pasad y poneos cómodos!
La casa de los hermanos ya estaba repleta de gente, cada cual con un traje que hacía su propia figura más atractiva e impresionante. Las copas recorrían todo el salón de un lado para otro y las risas invadían la estancia con un tono que daba alegría a la propia música que sonaba de fondo.
Un grupo de chicas que bailaban sin importarles nada ni nadie y a las que más se les oía reírse eran las que mejor se lo estaban pasando y las que llamaban más la atención -¡Cuidado! -gritó la que llevaba un vestido azul de un suave color eléctrico y unos tacones plateados- ¡Que casi me tiras la copa, Emma!
-Lo siento, estoy un poco patosa hoy, Lola.
-¿Hoy?
-Capulla.
A pesar de los insultos “cariñosos” que se dijeron durante aproximadamente cinco minutos, las chicas se rieron escandalosamente.
-Voy a por un poco de ponche ¿ok?
-OK- Lola hizo un gesto con la mano afirmando la propuesta- ¡a mí también tráeme uno, please! -le gritó cuando la chica ya se estaba alejando.
-Emma, se abrió paso entre la gente y saludó a unos cuantos invitados que le dieron su aprobación por la fiesta que había montado su hermano.
Llegó a la mesa de las bebidas y esperó a que un chico, que estaba de espaldas a ella, se acabase de servir un ponche. Cuando él se giró, Emma se iba a adelantar para poder servirse pero se quedó parada unos segundos al ver lo guapo que era el chico que en esos instantes al miraba fijamente con una sonrisa ,que la hizo derretirse.
-¿Te ibas a servir? - le preguntó.
-Sí... - Emma intentó parar los fuertes latidos de su corazón.
-¿Cúantas?
-¿Qué?- ¿por qué no podía dejar de mirar sus divertidos ojos castaños?
-Que cuántas copas quieres.
-Ahh... Dos.
-El chico se volvió a girar y sirvió dos copas de ponche.
-Aquí tiene, señorita -dijo sonriendo y haciéndole una reverencia mientras le tendía las copas.
-Muchas gracias – dijo riendo y cogiendo las copas. Acto seguido Emma se dirigió de nuevo junto a Lola que la esperaba sentada en una silla y que se entretenía hablando con su hermana que iba ataviada con un vestido de un verde suave oscuro.
Cuando llegó junto a las hermanas , la más pequeña dijo:
-¡Cuánto tardaste!
-Es que...estuve hablando con alguien.
-Pos ese “alguien” tiene el poder de hacerte sonrojar y hacerte poner cara de niña pequeña.


Miguel se acercó al chico con el que acababa de hablar su hermana.
-Veo que ya has hecho migas con mi hermana.
-Es muy guapa- se limitó a decir el chico.
-Miguel observó durante unos momentos a Emma que reía estruendosamente junto con Adriana y Lola.
Entonces , Miguel se rió y sacudió la cabeza.