30 may. 2011

Capítulo 2 (parte 1)

-¿Qué te esperabas, Emma?-dijo su madre- Es nuestra casa-se rió.
-Perdón, mamá-le dio un beso a su madre y otro a su padre.
-Oye, ¿aquí no huele un poco a quemado?-preguntó extrañado.
-¡Es una larga historia...!-respondió Emma-¿Por qué no se la cuentas tu?-le dijo a su hermano-Es lo que tiene tener tantos deberes, que ni siquiera puedes mantener una conversación  agradable con tu familia...-se fue corriendo a su cuarto.
-Maldita niña...-murmuró Miguel entre dientes.
Emma se tumbó en la cama. Los deberes pueden esperar, se dijo.
Miró su móvil. Ningún mensaje nuevo.
De repente oyó que llamaban al teléfono de su casa. Salió de su cuarto, y vio que su padre se acercaba a ella.
-Ahora se pone-le dio el teléfono- Es Inés. Por cierto, ya hablaremos, jovencita.
Emma puso cara de asombro, y volvió a cerrar la puerta de su habitación.
-¿Sí?-contestó.
-¿A que no sabes qué?-exclamó Inés ilusionada.
-Pues no... ¿qué pasa?
-¡He recibido un mensaje de Alberto! Dijo que sentía lo de la mañana, que tenía mucha prisa.
-Bueno, tampoco es para tanto...
-No,no, pero es que hay más. ¡Dice que quiere quedar conmigo mañana por la tarde!
-¿En serio? Pero... ¿a solas o con más gente?
-No lo pone, pero me imagino que será a solas, ¿no?
-Puede ser cualquier cosa. Tú por si acaso pregúntale, que de los tíos una, hoy en día, no se puede fiar.-se reía al otro lado de la línea de la ingenuidad de su amiga.
Esperó un minuto a que Inés hubiese terminado de escribir el mensaje.
-Ya está.
-¿Y... te respondió?
-Tía, que se lo acabo de enviar.
Tuvieron que esperar un minuto más para que Inés escuchase el sonido de su móvil al recibir un nuevo mensaje.
-Me puso que como yo quisiera.
-¡He aquí la oportunidad de tu vida!-se rió- Aprovéchala y vete con él a solas.
-No sé...-se quedó dubitativa- ¿Qué tal si vas tu conmigo?
-¿Yo?- a Emma no le gustaba mucho la idea de tener que acompañar a su amiga y presenciar sus numeritos y escenitas- Bueno,vale-dijo resignada.
-Gracias, eres la mejor. ¿Y qué me pongo?
-A mi en eso ya no me metas. Eso es asunto tuyo, además, tía ¡es mañana!-se rió.
-¿Puedes quedar hoy conmigo?
-Creo que no hay problema. ¿A qué hora?
-A las cinco y media en el Lily´s Café.
-Muy bien, hasta luego.
Inés colgó el teléfono
Volvió a mirar el mensaje que le había mandado Alberto:  Mñna pueds qdar?¿Qué le contestaba? ¿Iba a ir, no? Se dispuso a comenzar a escribir el mensaje. X mi ok. A q hora? Enviado.
 Al cabo de un rato de espera, su móvil sonó.
-¡Hola, Alberto!-conestó ilusionada.
-Hola. Pensé que mejor sería llamarte y así no gastarnos dinero con los mensajes-echó una carcajada-¿Te parece bien que sea en el parque que está al lado del instituto?
-Muy bien. Allí estaré mañana.
Hubo un rato de silencio entre ambos.
-Hasta mañana-dijo por fin Alberto.
No, no me cuelgues todavía, se dijo Inés. Totovía no.
-Adiós.
Inés seguía con el teléfono en la mano cuando sonó el timbre de su casa.

28 may. 2011

Capítulo 1

-¡Dios mío, no se puede ser más coñazo! -gritó Sara.
-¡Ese profesor está mal de la cabeza! -siguió gritando Inés.
La verdad, la clase de Biología de hoy había sido horrible, en realidad el día de hoy había sido horrible. No habían parado de copiar en la libreta todo ese rollo de la división celular, Sara casi se desmayó en la clase de Educación Física y a Emma le entró un dolor de cabeza tremendo ya con solo saber que el profesor de Matemáticas no iba a faltar.
Salieron del instituto rápidamente. Aire libre, por fin.
-Bueno chicas, hay que pensar las cosas buenas...-Emma se quedó pensativa-¿hay alguna cosa buena?
-La única cosa buena que veo es esa de allí-dijo Inés señalando a Alberto.
-¿Aún sigues obsesionada?-preguntó Emma. Alberto era uno de los chicos de su pandilla.
-Cállate, no estoy obsesionada.
-Qué te crees, ¿que por ser rubia soy tonta?-se rió. Llamó a Alberto, pero pareció ser que tenía mucha prisa, ya que ni siquiera giró la cabeza al ver que una de sus amigas aclamaba su atención. Solamente hizo un gesto con la mano en señal de despedida, y siguió corriendo.
Era un lunes de febrero por la mañana y, aunque pareciera raro, el sol calentaba con fuerza.
Emma estaba caminando con sus dos mejores amigas de vuelta a casa, como todos los días. Hoy no sabía por qué, pero se encontraba feliz, aún con todo lo que le había pasado en aquella ajetreada mañana.
-Para mí, sólo el sol despeja la mente y alegra el corazón, ¿verdad?-dijo.
-Tú y tus frases, Emma, tú y tus frases...-se rió Sara- A propósito, no sé si os habéis dado cuenta de que acabamos de pasar mi casa, así que yo ya me voy a tener que ir despidiendo-le dio un beso a cada una de sus amigas y se despidió por última vez antes de entrar en su casa.
-¡¡Emma!!-se oyó una voz a lo lejos.
Emma se giró y vio una silueta corriendo hacia ella. Se echó a reír.
-¡Daniel, vamos, que no llegas, y estás a punto de ganar la maratón!-bromeó Emma.
-Muchísimas gracias por esperarme, querida amiga-se burló Daniel.
-Bueno, mi casa está por allí-empezó a decir Inés- así que os tendré que dejar solos. No crucéis la calle salvo que sea una emergencia, ¿os ha quedado claro?-se rió. ¡Hasta mañana!
Daniel era el mejor amigo de Emma. Se conocían desde la guardería ya que sus padres eran grandes amigos desde hacía tiempo y hacían muchas cosas juntos, entre ellas, apuntar a sus hijos a la misma guardería.
Casi todos los días, Daniel acompañaba a Emma hasta su casa y así, como decía él, no tendría que aguantar tanto a su madre y a su padrastro.
-La verdad-empezó a decir-es que hace un día precioso...
-...Igual que tu sonrisa-terminó la frase Emma, y los dos se echaron a reír. Todos los días, lloviese, granizara o hiciese sol, Daniel decía eso, y a Emma la verdad, es que le hacía sentirse mejor.
Llegaron a la casa de Emma y Daniel se despidió con un "tu y yo siempre juntos", como lo hacían en su película favorita "Señales del futuro".
Emma entró en su casa.
-¿Hola? Ya estoy aquí-dijo. Su padre todavía no había llegado, ya que su chaqueta no estaba colgada en el perchero, y eso significaba que su madre tampoco, porque, al trabajar en lo mismo, siempre venían juntos.
Oyó un ruido en la cocina, y supuso que su hermano estaría haciendo la comida. Dejó la mochila a un lado, y se puso manos a la obra para hacerle la vida imposible a Miguel.
-¡Qué pasa, hermanito!- le gritó al tiempo que se lanzaba a su espalda.
-Si es que tranquilo, uno no puede estar-dijo amargamente.
-¿Qué tal con Verónica?
-Ya te he dicho mil veces que ni me gusta ni estamos saliendo. Si viene papá te la vas a cargar.
-Papá ya sabe que como naciste tonto, alguien tiene que cuidar de tí, ¿no?, y lamentablemente me ha tocado a mí-se rió.
Miguel empezó a correr por toda la casa con la intención de que su hermana se cayera al suelo. Sabía de sobra, que con la de veces que Emma se había tirado encima de él, ya estaba lo bastante acostumbrada como para no caerse.
Al final, Emma desistió y se fue a tierra firme. De repente notó un pequeño olor repugnante proveniente de la cocina.
-Oye, ¿no te huele un poco a quemado?-preguntó.
-¡Mierda, la comida!-dijo Miguel corriendo.
Emma siguió a su hermano. Tosió al respirar el humo de la habitación.
-¡Oh Dios!-dijo Miguel sacando el pollo chamuscado del horno- ¡Joder, y ahora qué comemos!
-Creo que papá tenía guardado unos pimientos rellenos-se dirigió a la despensa.
-¿Pero esas no las guarda para alguna emergencia?
-Morirse de hambre es una emergencia, tonto.
-¡En esta casa no se puede decir nada!-se quitó el delantal y lo colocó encima de una de las sillas.
Prepararon la gran velada y se sentaron a comer.
-Aún sigo teniendo hambre-suspiró Miguel tras terminar sus dos pimientos rellenos.
-Mira, así adelgazas un poco, que no te vendría mal -se rió su hermana.
-¿Me estás llamando gordo?-protestó mientras recogía la mesa.
En ese momento llamaron a la puerta. Emma se levantó a abrirla.
-¿Qué hacéis aquí?

To the sky

Los dos estaban en la playa, contemplando el horizonte.
La chica tenía una simple chaqueta de punto como abrigo que le llegaba hasta más allá de los dedos a la que se agarraba fuertemente. Se frotaba las manos. Tenía frío, aunque no lo decía.
Se levantó y fue corriendo hasta la orilla, donde el agua salada bañó sus pies bajo un atardecer. Abrió los brazos y miró hacia el cielo. El viento le daba en la cara y el pelo. Oyó como el chico se acercaba, la cogía por la cintura con sus brazos y los dos caían al suelo, riéndose, manchados de arena.
Se quedaron tumbados, ella fue la primera en hablar:
- Gracias por ayudarme, en serio. No habría logrado volver a estar como antes de no ser por ti.
El chico se sonrojó.
-Bueno- prosiguió ella- tampoco te lo creas mucho ¿eh?- dijo sonriendo y guiñando un ojo.
Al cabo de un rato ella volvió a hablar:
- ¿Miguel...?
La palabra quedó suspendida en el aire, porque detrás del chico había alguien mirándolos y no tenía buena cara.



Dentro de poco ya se podrá ver en el blog el 1º capítulo del libro.

26 may. 2011

Contraportada:

- ¿Sabes qué?
- ¿Qué?
- Que para mí todo cambió en aquella fiesta, te juro que no sabría que me iba a pasar todo esto.
- Pero piensa, que gracias a esa fiesta me has conocido a mí. -dijo sonriendo.
Cómo le gustaba su carácter, le gustaba mucho. Se sentía especial a su lado.
-Eres de lo que no hay.
-Lo sé.
Desde el fondo de la habitación se oía The only exception que la inundaba toda y que hizo a la chica sonreír.

¡Comenzamos!

¡Hola! En este blog vamos a ir colgando capítulos de un proyecto de libro llamado: Siempre Juntos. Les dejamos con el correo electrónico, por si quieren contactar o enviar ideas para nuestro libro. Esperemos que les guste y que envíen sus opiniones.


Frase: Estar enamorado no significa mirarse el uno al otro, si no mirar juntos en la misma dirección.