28 sept. 2011

Capítulo 9

 -Muchas gracias. Adiós.
Alberto salía de la tienda arrebujado en su chaqueta. Hacía frío, mucho frío, y eso, él, no lo soportaba, sobre todo estando a mediados de febrero.
La dependienta cerró la puerta tras de sí poniendo el cartel de "cerrado" indicando que se había acabado el tiempo de compra. 
Alberto miró a ambos lados de la calle por la que tan sólo pasó un coche, que mojó gran parte de sus zapatos tras pisar el enorme charco que había delante. Comenzaban a caer algunas gotas, que resonaban en las solitarias esquinas, y serpenteaban hacia las sucias alcantarillas. 
Las luces de la tienda se apagaron. Una chica jovencita salió de ella, despidiéndose amablemente de Alberto, y alejándose con paso decidido hacia la oscuridad.
Ahora estaba él solo.
El chico no paraba de pensar en lo bien que se lo estarían pasando Daniel y Emma en la fiesta de su hermano. Quién sabe si por el echo de estar ellos dos solos, podría hacer que su amistad diese un paso más... 
Le reconfortaba que Inés tampoco estuviese en casa de Miguel. Se preguntába dónde estaría ahora mismo. Lo que no se imaginaba, es que se encontraba a pocas calles de allí, y sus caminos se encontrarían al cabo de un rato.
Todavía estaba quieto, en aquel lugar, de pié al lado de la tienda de informática, cuando empezó a llover. 
Guardó lo que había comprado en uno de los bolsillos internos de su chaqueta, para que no se mojara.
De repente, oyó ruídos detrás de él. Al principio muy tenues, después con más fuerza. Pisadas, y de varias personas, además. Antes de que el cabecilla se dirigiese a él , sabía que le iban a hablar.
 Y sabía perfectamente quién era.
- ¿Lo tienes?- preguntó.
Alberto se giró en dirección a los cinco chavales que se encontraban a su izquierda con sudaderas negras y en mal estado.
- Sí, os lo he instalado todo, cumplí con mi trabajo.
-Así me gusta, buen chico. Ahora- dijo otra vez el cabecilla, dirigiéndose al resto del grupo. - Nos vamos.
Se dieron la vuelta y emprendieron la marcha por dónde habían venido en cuanto Alberto les tendió la bolsa.
-Alto- dijo, segundos después-¿ y mi dinero?
Todos se dieron la vuelta a la vez. El cabecilla se adelantó.
-¿Perdona?
- Sí, me prometisteis que si os lo instalaba me pagaríais y no lo habéis hecho.
El cabecilla soltó una carcajada y miró al resto del grupo que también se comenzó a reír. Alberto por su parte, tragó saliva. Sabía perfectamente que se estaba metiendo en terreno peligroso y eso le asustaba, pero tenía que ser valiente, si no, no llegaría a ser nada en la vida, y ésta era su oportunidad.
-¿Sabes con quién estás hablando, chaval?- dijo el chico poniéndose serio al instante. 
-Yo solo digo que me debéis el dinero que me prometisteis- dijo Alberto mostrando todo el orgullo que fue capaz.
Y tenía razón, se lo habían prometido. Unos días antes él había ido a comprar a esa misma tienda un complemento para su ordenador, y allí es dónde les había encontrado, esos tíos le habían pedido que le instalasen un virus para poder enviárselo a la ex-novia de uno de ellos a cambio de una suma de dinero.
Por supuesto, Alberto no era tan ingenuo como para creerse que de verdad  iba a cobrar por el trabajo, pero tenía que intentarlo.
El cabecilla se dirigió hacia Alberto, esta vez con voz más potente y amenazadora.
-Te arrepentirás de esto- dijo.
Alberto tragó saliva, y dio un paso hacia atrás, alerta. Sabía que había llegado demasiado lejos.
-Ya os he dicho que sólo quiero el dinero que me debéis, no busco pelea.
-Pues lo siento. Demasiado tarde.
El cabecilla se adelantó, y dirigió su puño hasta la barriga de Alberto. Éste se dobló en dos, respirando por la boca entrecortadamente.
El resto del grupo se comenzó a reír. Uno tras otro fueron atacando al chico, mientras éste se retorcía de dolor en el suelo. Primero en la barriga, luego en la cara...
Le empezaron a dar vueltas para marearlo. Alberto se estaba aturdiendo. No sabía ya ni dónde estaba. Solo sabía que le dolía todo el cuerpo, que lo tenía todo entumecido de los golpes que le estaban dando. Se caía al suelo, pero le volvían a coger para tirarlo de nuevo. Una y otra vez... hasta que los cinco chicos consiguieron lo que querían.
Alberto cayó al suelo inconsciente.
Pero antes de que se le nublara la vista por completo, sólo pudo pensar en qué diría Inés en cuanto le viese en aquel estado.










-¡Alberto! ¡Dios mío! ¡Qué te han hecho!- el chico intentó abrir los ojos, pero fue en vano -¡Dios mío...! Pero qué te han hecho... despierta... ¡Despierta!- Alberto abrió los ojos de repente. Veía todo borroso, todo nublado. En aquella mediana oscuridad, distinguió solamente la esbelta figura de una mujer. Una chica...
-Te quiero tanto...-notó que una mano acariciaba su mejilla dulcemente- Te quiero tanto... -un llanto interrumpió sus pensamientos.
Inés...





8 comentarios:

  1. Vaya, pobre Alberto, pero menudo valor que tiene. Me ha gustado mucho, escribid pronto la continuación! :D

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  2. Muy muy bien. Me ha encantado y espero pronto el siguiente capítulo. A ver que nuevos sucesos ocurrirán en la novela. Espero impaciente :P Besos

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  3. Muchisimas gracias!!! :D :D :D Pronto subiremos el prox cap!!!

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  4. http://lavidacontigoesmuchomejor.blogspot.com/ Premiooo para ti :DDD

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  5. Foooos es malísima la historiaaaaaaaa

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  6. Malísima dice¡¡ Tu eres repugnante. Seguro que tu no sabes no escribir hola sin una falta de ortografía. Imbécil¡¡
    ANÓNIMO estee

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  7. Muchísimas gracias, Raxx! :) Bueno, anonimo. Si no te gusta, da igual :) Hay a gente que no le gusta ese tipo de libro! No pasa nada!
    Colgaremos el capitulo cuando podamos! Gracias por la esperaa! :)

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